You were there.
“Yes. I was gonna surprise you. But you won.
His expression changed.
“Delete that.
“No.
“Valeria, you don’t know who you’re messing with.
I smiled with tears in my face.
“The one who doesn’t know who he messed with is you.
He let out a dry laugh.
“You? A clerk who barely pays for her stuff? I have witnesses, papers and my mother. You’re gonna look like a spiteful wife.
I opened my cell phone and showed him the contracts of the house, the living room, the suite and the transfers.
All in the name of Valeria Montes Castillo.
Andrés stopped breathing for a second.
“Mounts?”
The door opened before I could answer. Graduate Barragán, my family’s lawyer, came in with 2 hotel security elements. Behind me appeared my uncle Gerardo Montes, the man who raised me after the death of my parents.
When he saw me in the dirty dress, the cell phone shaking and his face undone, his expression broke.
“My child…
I ran to his arms.
But Andrew, from the suite, shouted a phrase that made everyone stand still:
Ask Gerardo why Valeria never knew what her grandmother left hidden!
I couldn’t believe what was about to happen…
If you had been in Valeria’s place, would you have faced Andrew that same night or would you have pretended to know nothing to find out how far the
Mi tío Gerardo se quedó paralizado en el pasillo, como si la frase de Andrés hubiera golpeado una herida vieja.
—¿Qué dijiste? —preguntó.
Andrés ya no parecía el novio perfecto de las fotos. Tenía la camisa abierta, los ojos rojos y una sonrisa torcida.
—Pregúntele por el fideicomiso de doña Amalia —dijo—. Pregúntele por qué Valeria cree que su abuela solo le dejó recuerdos.
Sentí que el piso se movía.
—¿Qué fideicomiso?
Gerardo no respondió.
Ese silencio me dolió casi tanto como la traición de Andrés.
El licenciado Barragán pidió a seguridad que sacara a Andrés. Rebeca apareció al fondo del pasillo, fingiendo indignación.
—Esto es una vergüenza. Mi hijo está alterado por culpa de ella.
Levanté el celular.
—Entonces qué bueno que todo quedó grabado.
Ivonne estaba detrás de Rebeca, pálida, abrazando una bolsa negra. Ya no parecía la amante que creía estar ganando. Parecía otra víctima de la misma trampa.
Nos llevaron a una sala privada del hotel. Abajo la fiesta seguía con música y risas. Mientras mis invitados comían pastel, mi vida se estaba rompiendo en otra habitación.
Barragán puso varias carpetas sobre la mesa.
Mi nombre.
El de Andrés.